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Un vistazo a la Sierra Mágica, Tlacuilotepec, Puebla.

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Con el gusto de regresar a escribir otra post! Ya sé, hace ya mas de un mes desde la post pasada, pero en ocasiones el estar muy ocupado entrenando, y saliendo a explorar lugares interesantes trae como recompensa mas imágenes e historias.

En semanas anteriores tuve la fortuna de ir un par de veces a Tlacuilotepec, en el norte de Puebla, una región mas al norte de Cuetzalan, en las cercanías de Huauchinango y la presa de Necaxa la que está siendo promocionada como nuevo destino turístico. El objetivo principal, aparte de simplemente pasear, claro, era explorar una cueva con algunos amigos, Ana Pérez, Angel Rueda y Roberto Rodríguez, compañeros y mentores en nuestra pasión que es la Espeleología. En nuestra primera visita, arrancamos temprano desde la Ciudad de México y sin saber exactamente dónde se ubica la cueva, primero nos encontramos con la Familia Cuéllar-Díaz en Xicotepec de Juárez desde donde nos llevaron a Tlacuilotepec por un sinuoso camino entre grandes cañadas y a lo largo de las orillas de las colinas y los voladeros de la Sierra. Tras bajar por el camino desde Xicotepec, subir de nuevo, volver a bajar hasta cruzar un puente por encima de un río, y finalmente subir por las estribaciones montañosas una vez mas, llegamos a Tlacuilotepec, recibidos por un letrero: “Bienvenidos a Tlacuilotepec, Sierra Mágica”.

Al ir avanzando entre las casas, el tipo de construcciones, la mayoría sencillas, de adobe y teja, me hicieron pensar en una población humilde, de mucho menor importancia y tamaño a lo que la llegada a su plaza principal nos demostró con sus portalitos muy bien decorados, con columnas y colores vivos, un jardín central muy arreglado y una pequeña parroquia, muy mona por fuera, pero que aún no tenemos el gusto de visitar a fondo. Ahí, entre los locales que se ubican en los portales en la Tienda-Café “Don Cos” fuimos recibidos por sus propietarios Don Tito y Doña Laura de una manera tan amable y cálida que nos hicieron sentir realmente en casa, en un ambiente de ésos de tradición, del tipo tendajón mixto de los que había muchos antaño, siendo Don Cos muy singular al mezclar en el mismo espacio botas, sombreros, cinturones, pilas, lámparas, y utensilios muy variados para la labranza y la casa, con bolsas de café, licores locales y hasta mermeladas. Habiendo llegado a la mera hora del calor desde luego que estábamos sedientos, y  afortunadamente no se hicieron esperar las bebidas refrescantes, refrescos y cervecitas bien fríos y un tesoro que encontramos en la tienda, un licor de jamaica que acompañado con mucho hielo fascinó nuestros paladares. Después de un buen rato tan a gusto nos encontrábamos en la plática que por poco y nos quedamos ahí en Don Cos!, tuvimos que hacer un gran esfuerzo para seguir camino hacia la cueva. Guiados por Carlos, un vaquero recio nativo de por allá, continuamos subiendo aún mas por la sierra hasta que dejamos los tejados de Tlacuilotepec por debajo de nosotros hasta un paso entre las crestas de los montes a partir del cual comenzamos a bajar de nuevo sobre una terracería. Cerca de un hora mas tarde nos detuvimos a la orilla del camino, -no sin antes haber hecho una pausa para echarle el ojo a una pequeña dolina o depresión en el terreno en la que puede abrirse una cueva- nos equipamos con arneses, cascos, lámparas, ascensores y descensores, y cargando costales con cuerdas y fierros Carlos nos llevó cuesta arriba por un sendero entre la vegetación -de la cual por cierto no toda era amigable- hasta la entrada de la cueva. Acompañados hasta allá por los Cuéllar Díaz, y sin que ellos contaran con equipo de progresión, su entusiasmo los llevó a seguir con nosotros hasta donde el terreno lo permitiera, así entramos finalmente a la cueva.

Por la hora en la que entramos decidimos que sólo haríamos una breve prospección de entre hora y media a dos horas, en ese lapso bajamos por una pequeña joroba de roca hasta una rampa de lodo, en su fondo se abría una galería por la cual continuamos avanzando inicialmente caminando libres entre unas columnas y paredes con formaciones y algo mas adelante anclados a cuerdas de seguridad bordeando las sanjas entre el piso falso y que continuaban varios metros hacia el fondo de la grieta. Al progresar por ahí nos dimos cuenta de que por ése camino no íbamos descendiendo como estamos acostumbrados sino que estábamos subiendo!, parecía que la galería venía de arriba del monte, lo cual nos lo confirmó una pequeña corriente de agua que avanzaba en sentido contrario a nuestro recorrido. Emocionados de ver que continuábamos avanzando se nos pasó el tiempo hasta que Robert preguntó “Lalo, ¿qué hora es?”, y no sin un poco de frustración le contesté que ya era hora de dirigirnos a la salida. Viendo las posibilidades de avance de la cueva, en la que por cierto al ir hacia la salida encontramos otra rampa un poco mas allá por donde se podría seguir hacia abajo de la cueva, en nuestras mentes apareció la certeza de que tendríamos que regresar a continuar ésa exploración!

Al regreso nos encontramos a los demás esperándonos por fuera de la entrada a la cueva, nos saludamos con gusto y después de una corta pausa descendimos por el sendero llegando después de unos cuantos resbalones cuesta abajo hasta donde se habían quedado las camionetas., los que avanzamos mas en la cueva nos despojamos velozmente del equipo, calzado y la ropa enlodada que traíamos encima poniéndonos prendas secas y mucho mas limpias para podernos subir a los asientos sin dejar los interiores de la camioneta como chiquero. Emprendimos el regreso hacia Tlacuilotepec algo apurados de que no nos cayeran la niebla y la noche en la terracería, lo que no impidió que maravillados por la luz de la tarde y el descenso de la neblina sobre las crestas y laderas de los montes nos detuviéramos a hacer unas buenas fotos, antes de continuar hacia Xicotepec donde disfrutamos de una rica merienda antes de emprender el regreso a casa.

Nada mal para un sólo día eh? De la segunda visita a este bello rincón del norte de Puebla y su no menos emocionante relación de sucesos, hablaré en próxima ocasión.

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