Tag Archives: Caving

Into the depths (TBT)

For this throwback thursday I’d like to share this image from back in 2005. Some friends and I posing for the “before the adventure” shot previous to making the journey through the Chonta underground river in Guerrero, Mexico. The journey takes from six to eight hours of walking and swimming in the river that goes trough the cave, that can be achieved all at once, or trekking half of the distance, camping for a few hours, which we did on that occasion, and resuming the next day. It requires some physical effort, but it’s absolutely rewarding.

This was the second or perhaps the third time I went to trek the Chonta river, I really liked it and I came back there several times, but going there for the first time a couple of years before and my destiny was all set up. The experience of going so many hours into the dark, looking at the huge chambers inside the earth while floating in the river’s current lit only by our headlamps, witnessing the sheer power of the water, that stuck even really large tree trunks into the cave’s walls dozens of meters above the river’s level, and the excitement that back then was something really new for me, all of that drove me years later into learning and practicing much more serious caving.

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Un vistazo a la Sierra Mágica, Tlacuilotepec, Puebla.

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Con el gusto de regresar a escribir otra post! Ya sé, hace ya mas de un mes desde la post pasada, pero en ocasiones el estar muy ocupado entrenando, y saliendo a explorar lugares interesantes trae como recompensa mas imágenes e historias.

En semanas anteriores tuve la fortuna de ir un par de veces a Tlacuilotepec, en el norte de Puebla, una región mas al norte de Cuetzalan, en las cercanías de Huauchinango y la presa de Necaxa la que está siendo promocionada como nuevo destino turístico. El objetivo principal, aparte de simplemente pasear, claro, era explorar una cueva con algunos amigos, Ana Pérez, Angel Rueda y Roberto Rodríguez, compañeros y mentores en nuestra pasión que es la Espeleología. En nuestra primera visita, arrancamos temprano desde la Ciudad de México y sin saber exactamente dónde se ubica la cueva, primero nos encontramos con la Familia Cuéllar-Díaz en Xicotepec de Juárez desde donde nos llevaron a Tlacuilotepec por un sinuoso camino entre grandes cañadas y a lo largo de las orillas de las colinas y los voladeros de la Sierra. Tras bajar por el camino desde Xicotepec, subir de nuevo, volver a bajar hasta cruzar un puente por encima de un río, y finalmente subir por las estribaciones montañosas una vez mas, llegamos a Tlacuilotepec, recibidos por un letrero: “Bienvenidos a Tlacuilotepec, Sierra Mágica”.

Al ir avanzando entre las casas, el tipo de construcciones, la mayoría sencillas, de adobe y teja, me hicieron pensar en una población humilde, de mucho menor importancia y tamaño a lo que la llegada a su plaza principal nos demostró con sus portalitos muy bien decorados, con columnas y colores vivos, un jardín central muy arreglado y una pequeña parroquia, muy mona por fuera, pero que aún no tenemos el gusto de visitar a fondo. Ahí, entre los locales que se ubican en los portales en la Tienda-Café “Don Cos” fuimos recibidos por sus propietarios Don Tito y Doña Laura de una manera tan amable y cálida que nos hicieron sentir realmente en casa, en un ambiente de ésos de tradición, del tipo tendajón mixto de los que había muchos antaño, siendo Don Cos muy singular al mezclar en el mismo espacio botas, sombreros, cinturones, pilas, lámparas, y utensilios muy variados para la labranza y la casa, con bolsas de café, licores locales y hasta mermeladas. Habiendo llegado a la mera hora del calor desde luego que estábamos sedientos, y  afortunadamente no se hicieron esperar las bebidas refrescantes, refrescos y cervecitas bien fríos y un tesoro que encontramos en la tienda, un licor de jamaica que acompañado con mucho hielo fascinó nuestros paladares. Después de un buen rato tan a gusto nos encontrábamos en la plática que por poco y nos quedamos ahí en Don Cos!, tuvimos que hacer un gran esfuerzo para seguir camino hacia la cueva. Guiados por Carlos, un vaquero recio nativo de por allá, continuamos subiendo aún mas por la sierra hasta que dejamos los tejados de Tlacuilotepec por debajo de nosotros hasta un paso entre las crestas de los montes a partir del cual comenzamos a bajar de nuevo sobre una terracería. Cerca de un hora mas tarde nos detuvimos a la orilla del camino, -no sin antes haber hecho una pausa para echarle el ojo a una pequeña dolina o depresión en el terreno en la que puede abrirse una cueva- nos equipamos con arneses, cascos, lámparas, ascensores y descensores, y cargando costales con cuerdas y fierros Carlos nos llevó cuesta arriba por un sendero entre la vegetación -de la cual por cierto no toda era amigable- hasta la entrada de la cueva. Acompañados hasta allá por los Cuéllar Díaz, y sin que ellos contaran con equipo de progresión, su entusiasmo los llevó a seguir con nosotros hasta donde el terreno lo permitiera, así entramos finalmente a la cueva.

Por la hora en la que entramos decidimos que sólo haríamos una breve prospección de entre hora y media a dos horas, en ese lapso bajamos por una pequeña joroba de roca hasta una rampa de lodo, en su fondo se abría una galería por la cual continuamos avanzando inicialmente caminando libres entre unas columnas y paredes con formaciones y algo mas adelante anclados a cuerdas de seguridad bordeando las sanjas entre el piso falso y que continuaban varios metros hacia el fondo de la grieta. Al progresar por ahí nos dimos cuenta de que por ése camino no íbamos descendiendo como estamos acostumbrados sino que estábamos subiendo!, parecía que la galería venía de arriba del monte, lo cual nos lo confirmó una pequeña corriente de agua que avanzaba en sentido contrario a nuestro recorrido. Emocionados de ver que continuábamos avanzando se nos pasó el tiempo hasta que Robert preguntó “Lalo, ¿qué hora es?”, y no sin un poco de frustración le contesté que ya era hora de dirigirnos a la salida. Viendo las posibilidades de avance de la cueva, en la que por cierto al ir hacia la salida encontramos otra rampa un poco mas allá por donde se podría seguir hacia abajo de la cueva, en nuestras mentes apareció la certeza de que tendríamos que regresar a continuar ésa exploración!

Al regreso nos encontramos a los demás esperándonos por fuera de la entrada a la cueva, nos saludamos con gusto y después de una corta pausa descendimos por el sendero llegando después de unos cuantos resbalones cuesta abajo hasta donde se habían quedado las camionetas., los que avanzamos mas en la cueva nos despojamos velozmente del equipo, calzado y la ropa enlodada que traíamos encima poniéndonos prendas secas y mucho mas limpias para podernos subir a los asientos sin dejar los interiores de la camioneta como chiquero. Emprendimos el regreso hacia Tlacuilotepec algo apurados de que no nos cayeran la niebla y la noche en la terracería, lo que no impidió que maravillados por la luz de la tarde y el descenso de la neblina sobre las crestas y laderas de los montes nos detuviéramos a hacer unas buenas fotos, antes de continuar hacia Xicotepec donde disfrutamos de una rica merienda antes de emprender el regreso a casa.

Nada mal para un sólo día eh? De la segunda visita a este bello rincón del norte de Puebla y su no menos emocionante relación de sucesos, hablaré en próxima ocasión.

Campamento, Sótano, pozas de agua fría, fotos, brindis y fiesta en Zongolica Veracruz: Popoca 2014

Lo prometido es deuda, y repartiendo el tiempo en mil y un cosas, entre rato y rato pude completar la galería de imágenes de la reunión de amigos montañistas en Zongolica de la que escribí brevemente en la publicación anterior de este blog.

En los tres días, además de bajar el sótano, experiencia que por sí sola vale muchísimo la pena, tuve el gran placer de saludar a muchos amigos de hace ya tiempo, convivir con nuevos amigos, hacer un paseo fotográfico, con todo y chapuzón en las frescas, por no decir heladas pozas del río que se lanza al abismo en el sótano, pasar una tarde de relax con un buen vino tinto y vodka (eh Luis!), y como cereza del pastel, divertirme con las ocurrencias de todos en la fiesta, con elección de Reina de Popoca y todo! En la galería incluyo momentos de todo esto, ah y una inclusión de un avistamiento muy inusual de tres “sirenos” en las orillas de Orizaba, una ciudad cercana a Zongolica, y donde hicimos una escala en nuestro retorno a la Ciudad de México.

Espero la disfruten!

Un inesperado retorno al fondo de un sótano en Zongolica, Veracruz.

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Toda una experiencia haber regresado a la región de Zongolica Veracruz a visitar el Sótano de Popoca, y no sólo contemplar desde arriba la impresionante caída de agua 70 metros hasta el fondo, sino después de casi dos años de no realizar una de mis actividades favoritas, el descenso en cuevas (y claro, con el consecuente ascenso) y sótanos, haber disfrutado de la emoción de llegar hasta abajo, donde la cascada en parte se pulveriza,  y en parte golpea con tremenda fuerza el fondo creando oleaje en la poza, además de generar unas intensas corrientes de aire que calan con frío y humedad los huesos. Definitivamente, el cuerpo y cada músculo no son ajenos al recuerdo de la poca o mucha habilidad pasada. El retorno a la superficie, ya caída la noche después de haber pasado unas horas ahí, varias después de haber hecho esta imagen durante el descenso, fue algo menos rudo de lo que había imaginado, y aunque si llegué hasta arriba bastante cansado, lo hice mucho mas entero de como lo había imaginado, para mi, fue y sigue siendo una gran satisfacción.

Esta imagen es como una antesala de una post próxima donde publicaré una galería de los acontecimientos de ese paseo, coronado además por la fiesta anual de la comunidad montañista de México.